Pasaje seleccionado
Mishné Torá, Teshuvá 6:1
פְּסוּקִים הַרְבֵּה יֵשׁ בַּתּוֹרָה וּבְדִבְרֵי נְבִיאִים שֶׁהֵן נִרְאִין כְּסוֹתְרִין עִקָּר זֶה וְנִכְשָׁלִין בָּהֶן רֹב הָאָדָם וְיַעֲלֶה עַל דַּעְתָּן מֵהֶן שֶׁהַקָּדוֹשׁ בָּרוּךְ הוּא הוּא גּוֹזֵר עַל הָאָדָם לַעֲשׂוֹת רָעָה אוֹ טוֹבָה וְשֶׁאֵין לִבּוֹ שֶׁל אָדָם מָסוּר לוֹ לְהַטּוֹתוֹ לְכָל אֲשֶׁר יִרְצֶה. וַהֲרֵי אֲנִי מְבָאֵר עִקָּר גָּדוֹל שֶׁמִּמֶּנּוּ תֵּדַע פֵּרוּשׁ כָּל אוֹתָן הַפְּסוּקִים. בִּזְמַן שֶׁאָדָם אֶחָד אוֹ אַנְשֵׁי מְדִינָה חוֹטְאִים וְעוֹשֶׂה הַחוֹטֵא חֵטְא שֶׁעוֹשֶׂה מִדַּעְתּוֹ וּבִרְצוֹנוֹ כְּמוֹ שֶׁהוֹדַעְנוּ רָאוּי לְהִפָּרַע מִמֶּנּוּ וְהַקָּדוֹשׁ בָּרוּךְ הוּא יוֹדֵעַ אֵיךְ יִפָּרַע. יֵשׁ חֵטְא שֶׁהַדִּין נוֹתֵן שֶׁנִּפְרָעִים מִמֶּנּוּ עַל חֶטְאוֹ בָּעוֹלָם הַזֶּה בְּגוּפוֹ אוֹ בְּמָמוֹנוֹ אוֹ בְּבָנָיו הַקְּטַנִּים שֶׁבָּנָיו שֶׁל אָדָם הַקְּטַנִּים שֶׁאֵין בָּהֶם דַּעַת וְלֹא הִגִּיעוּ לִכְלַל מִצְווֹת כְּקִנְיָנוֹ הֵן וּכְתִיב (דברים כד טז) "אִישׁ בְּחֶטְאוֹ יָמוּת" עַד שֶׁיֵּעָשֶׂה אִישׁ. וְיֵשׁ חֵטְא שֶׁהַדִּין נוֹתֵן שֶׁנִּפְרָעִין מִמֶּנּוּ לָעוֹלָם הַבָּא וְאֵין לָעוֹבֵר עָלָיו שׁוּם נֵזֶק בָּעוֹלָם הַזֶּה. וְיֵשׁ חֵטְא שֶׁנִּפְרָעִין מִמֶּנּוּ בָּעוֹלָם הַזֶּה וְלָעוֹלָם הַבָּא:
Hay muchos versículos en la Torá y en las palabras de los profetas que parecen contradecir este principio fundamental. La mayoría de las personas tropiezan con ellos y llegan a pensar que el Santo, bendito sea, decreta que una persona haga el mal o el bien, y que el corazón del ser humano no está en sus propias manos para inclinarlo hacia aquello que desee. Explicaré ahora un principio fundamental mediante el cual podrás comprender todos aquellos versículos.
Cuando una persona, o los habitantes de una ciudad, pecan, y el pecador comete un pecado consciente y voluntariamente, como ya explicamos, es apropiado que reciba su castigo. El Santo, bendito sea, sabe de qué manera castigarlo.
Hay pecados respecto de los cuales la justicia determina que la persona sea castigada en este mundo, ya sea en su cuerpo, en sus bienes o en sus hijos pequeños. Los hijos pequeños de una persona, que todavía carecen de entendimiento y no han llegado a estar obligados por los preceptos, son considerados como sus posesiones. Está escrito: «Cada hombre morirá por su propio pecado», es decir, cuando ya sea considerado un hombre.
Hay pecados respecto de los cuales la justicia determina que la persona sea castigada en el Mundo Venidero, sin que quien los cometió sufra daño alguno en este mundo. Y hay pecados por los cuales se castiga tanto en este mundo como en el Mundo Venidero.
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