Pasaje seleccionado
Ramban on Numbers 32:1
וַיָּבֹאוּ בְנֵי גָד וּבְנֵי רְאוּבֵן – הִקְדִּים הַכָּתוּב בְּנֵי רְאוּבֵן בַּפָּסוּק הָרִאשׁוֹן ״וּמִקְנֶה רַב הָיָה לִבְנֵי רְאוּבֵן וְלִבְנֵי גָד״ כַּמִּשְׁפָּט, כִּי הוּא הַבְּכוֹר וּבֶן הַגְּבִירָה. וְכֵן כְּשֶׁיְּסַפֵּר הַכָּתוּב הַמַּעֲשֶׂה הַזֶּה יֹאמַר: ״וְלָרְאוּבֵנִי וְלַגָּדִי נָתַתִּי״ (דברים ג טז), אֲבָל בְּכָל הַפָּרָשָׁה הַזּוֹ יַקְדִּים בְּנֵי גָד, כִּי הֵם נָתְנוּ הָעֵצָה הַזֹּאת וְהֵם הָיוּ הַמְדַבְּרִים תְּחִלָּה לְמֹשֶׁה בַּנַּחֲלָה הַזֹּאת, וְהֵם הָיוּ גִּבּוֹרִים יוֹתֵר מִבְּנֵי רְאוּבֵן, כְּמוֹ שֶׁנֶּאֱמַר: ״וְטָרַף זְרוֹעַ אַף קָדְקֹד״ (שם לג כ). וּלְפִיכָךְ לֹא הָיוּ יְרֵאִים לָשֶׁבֶת לְבַדָּם בָּאָרֶץ הַזֹּאת מִפְּנֵי יוֹשְׁבֵי הָאָרֶץ. וְהִנֵּה מֹשֶׁה חָשַׁד אוֹתָם כִּי יֹאמְרוּ כֵן מִפַּחַד אַנְשֵׁי אֶרֶץ כְּנַעַן, שֶׁאָמְרוּ בָּהֶם הַמְרַגְּלִים: ״לֹא נוּכַל לַעֲלוֹת אֶל הָעָם כִּי חָזָק הוּא מִמֶּנּוּ״ (במדבר י״ג:ל״א), וְלָכֵן אָמַר לָהֶם שֶׁאֵינָם בּוֹטְחִים בַּה' כַּאֲבוֹתָם, וְיֹסֵף עוֹד לְהַעֲנִישָׁם כָּהֶם לְהַנִּיחָם בַּמִּדְבָּר. וּלְכָךְ עָנוּ אוֹתוֹ: חָלִילָה שֶׁנִּירָא מֵהֶם, אֲבָל נַעֲבֹר חֲלוּצִים לַמִּלְחָמָה וְנִהְיֶה מְהִירִים וְרִאשׁוֹנִים לִפְנֵי הָעָם לְהִלָּחֵם בְּאוֹיְבֵי ה', כִּי לַחְמֵנוּ הֵם!:
«Vinieron los hijos de Gad y los hijos de Reuvén». En el primer versículo, la Escritura menciona primero a los hijos de Reuvén:
«Los hijos de Reuvén y los hijos de Gad poseían mucho ganado».
Este es el orden apropiado, pues Reuvén era el primogénito y el hijo de la esposa principal.
Así también, cuando la Escritura vuelve a relatar este acontecimiento, dice:
«A los reuvenitas y a los gaditas entregué...» (Deuteronomio 3:16).
Sin embargo, a lo largo de toda esta sección menciona primero a los hijos de Gad.
La razón es que ellos propusieron esta idea y fueron los primeros en hablar con Moshé acerca de aquella herencia.
También eran guerreros más poderosos que los hijos de Reuvén, como está escrito acerca de Gad:
«Desgarró brazo y también coronilla» (Deuteronomio 33:20).
Por eso no temían habitar separados en aquella tierra, a pesar de los pueblos que los rodeaban.
Moshé sospechó que pedían permanecer allí por temor a los habitantes de la tierra de Canaán, acerca de quienes los espías habían dicho:
«No podemos subir contra el pueblo, porque es más fuerte que nosotros» (Números 13:31).
Por ello les reprochó que no confiaran en el Eterno, como había sucedido con sus padres, y les advirtió que Dios podría volver a castigarlos y dejarlos también en el desierto.
Ellos le respondieron:
Lejos esté de nosotros temerles.
Cruzaremos armados para la guerra y marcharemos rápidamente como los primeros delante del pueblo para combatir a los enemigos del Eterno, pues «son pan para nosotros»:
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