Kinnot for Tisha B'Av (Ashkenaz), Kinot for Tisha B'Av Day 27:1
אָז בִּמְלֹאת סֶפֶק יָפָה כְּתִרְצָה הֵן אֶרְאֶלָּם צָעֲקוּ חוּצָה: בֶּן חִלְקִיָּהוּ מֵאַרְמוֹן כְּיָצָא אִשָּׁה יְפַת תֺּאַר מְנֻוֶּלֶת מָצָא: גּוֹזַרְנִי עָלַיִךְ בְּשֵׁם אֱלֹהִים וְאָדָם אִם שֵׁד לַשֵּׁדִים אַתְּ אוֹ לִבְנֵי אָדָם דְּמוּת יָפְיֵךְ כְּבָשָׂר וָדָם פַּחְדֵּךְ וְיִרְאָתֵךְ כְּמַלְאָכִים לְבַדָּם: הֵן לֹא שֵׁד אָנִי וְלֹא גֺלֶם פָּחַת יְדוּעָה הָיִיתִי בְּשׁוּבָה וָנָחַת: וְהֵן לְשָׁלשׁ אֲנִי וּלְשִׁבְעִים וְאֶחָד וְלִשְׁנֵים עָשָׂר וְשׁישִּׁים וְאֶחָד: זֶה הָאֶחָד אַבְרָהָם הָיָה וּבֶן הַשְּׁלשָׁה אָבוֹת שְׁלִישִׁיָּה: חֺק שְׁנֵים עָשָׂר וְהֵן שִׁבְטֵי יָהּ וְשִׁשִּׁים רִבּוֹא וְשִׁבְעִים וְאֶחָד סַנְהֶדְרֵי יָהּ: טַעֲמִי הַקְשִׁיבִי וַעֲשִֺּי תְשׁוּבָה יַעַן הֱיוֹתֵךְ כָּל כָּךְ חֲשׁוּבָה: יָפָה לִכִי בְּעֶלֶץ וְלִשְׂמוֹחַ בְּטוֹבָה וְלֹא תִקָּרֵא עוֹד בַּת הַשּׁוֹבֵבָה: כִּי אֵיךְ אֶשְׂמַח וְקוֹלִי מַה אָרִים הֵן עוֹלָלַי נִתְּנוּ בְּיַד צָריִם: לָקוּ נְבִיאַי וְדָמָם מֻגָּרִים גָּלוּ מְלָכַי וְשָׂרַי וְכֺהֲנַי בְּקוֹלָרִים: מְלוֹן מִקְדָּשִׁי בַּעֲוֺנִי נָדָד דּוֹדִי מֵאָז בָּרַח וַיֻּדָּד: נֺעַם אָהֳלִי בְּעַל כָּרְחִי שֻׁדַּד רַבָּתִי עָם אֵיכָה יָשְבָה בָדָד: סָחָה הָאִשָּׁה לַנָּבִיא יִרְמְיָה שַׂח לֵאלֹהֶיךָ בְּעַד מַכַּת סֺעֲרָה עֲנִיָּה: עַד יַעֲנֶה אֵל וְיֺמַר דַּיָּה וְיַצִּילֵּנִי מֵחֶרֶב וְשִׁבְיָה: פִּלֵּל תְּחִנָּה לִפְנֵי קוֹנוֹ מָלֵא רַחֲמִים חוּס כְּאָב עַל בְּנוֹ: צָעַק מַה לָּאָב שֶׁהֶנְלָה בְנוֹ וְגַם אוֹי לַבֵּן שֶׁבְּשֻׁלְחַן אָב אֵינוֹ: קוּם לָךְ יִרְמְיָה לָמָּה תֶחֱשֶׁה לֵךְ קְרָא לְאָבוֹת וְאַהֲרֺן וּמֺשֶׁה: רוֹעִים יָבוֹאוּ קִינָה לְהִנָּשֵׂא כִּי זְאֵבֵי עֶרֶב טָרְפוּ אֶת הַשֶֺּה: שׁואֵג הָיָה יִרְמְיָהוּ הַנָּבִיא עַל מַכְפֵּלָה נוֹהֵם כְּלָבִיא: תְּנוּ קוֹל בִּבְכִי אֲבוֹת הַצֶּבִי תָּעוּ בְנֵיכֶם וְהִנָּם בַּשֶּׁבִי: אִם כְּאָדָם עָבְרוּ בְרִית אַיֵּה זְכוּת כְּרוּתֵי בְרִית: מָה אֶעֱשֶׂה לָכֶם בָּנַי גְּזֵרָה הִיא מִלְּפָנַי שָׁמֵם מִקְדָּשׁ מִבְלִי בָאֵי מוֹעֵד עַל כִּי יְדִידִים נִתְּנוּ לְהִמָּעֵד: תְּשִׁיבֵם כְּמֵאָז סוֹמֵךְ וְסוֹעֵד תְּרַחֵם צִיּוֹן כִּי בָא מוֹעֵד:
Entonces, cuando se colmó la medida, la hermosa como Tirtzá —he aquí que sus poderosos clamaban afuera—, el hijo de Jilkiyahu salió del palacio y encontró a una mujer de hermoso semblante, envilecida. «Te conjuro, en el nombre de Dios y de los hombres: ¿eres un demonio entre los demonios o perteneces a los seres humanos? Tu belleza parece la de carne y sangre, pero el temor y el espanto que inspiras son propios únicamente de los ángeles». «No soy un demonio ni una figura inerte. Fui una princesa conocida, cuando habitaba en tranquilidad y reposo. Estoy vinculada con tres, con setenta y uno, con doce, con sesenta miríadas y con Uno. Ese “uno” fue Abraham; y de los tres, soy descendiente de la tríada de los patriarcas. Los doce son las tribus de Yah; las sesenta miríadas son Israel, y los setenta y uno, el Sanedrín de Yah». «Escucha mi razonamiento y haz teshuvá, puesto que eres tan importante. Hermosa, ve con júbilo y alégrate con el bien, y ya no serás llamada “la hija rebelde”». «¿Cómo podré alegrarme y cómo alzaré mi voz? Mis pequeños han sido entregados en manos de opresores. Mis profetas fueron golpeados y su sangre derramada; mis reyes, mis príncipes y mis sacerdotes marcharon al exilio encadenados. La morada de mi Santuario fue abandonada por mis pecados; mi Amado huyó y se alejó de mí. La hermosura de mi tienda fue saqueada contra mi voluntad. ¡Cómo quedó solitaria la ciudad populosa!». La mujer dijo al profeta Yirmeyahu: «Habla ante tu Dios acerca de la herida de esta pobre sacudida por la tormenta, hasta que Dios responda y diga: “¡Basta!”, y me salve de la espada y del cautiverio». Él elevó una súplica ante su Creador: «Tú, lleno de misericordia, compadécete como un padre de su hijo». Clamó: «¡Ay del padre cuyo hijo fue llevado al exilio, y ay del hijo que ya no se encuentra en la mesa de su padre!». «Levántate, Yirmeyahu; ¿por qué guardas silencio? Ve y llama a los patriarcas, a Aharón y a Moshé. Que vengan los pastores para elevar una lamentación, pues los lobos de la tarde han despedazado a la oveja». El profeta Yirmeyahu rugía junto a la Cueva de Majpelá y gemía como un león: «Alzad la voz en llanto, padres del pueblo hermoso. Vuestros hijos se desviaron y ahora se encuentran en cautiverio. Aunque, como el primer hombre, quebrantaron el pacto, ¿dónde está el mérito de quienes sellaron el pacto?». «¿Qué puedo hacer por vosotros, hijos Míos? Es un decreto que ha salido de delante de Mí. El Santuario permanece desolado, sin quienes acudían en las festividades, porque los amados fueron entregados para tropezar». Devuélvelos como en tiempos antiguos, Tú que sostienes y sustentas; apiádate de Tzión, pues ha llegado el tiempo señalado.
