**Y todos los sabios de corazón que realizaban la obra hicieron el Mishkán con diez cortinas.** La Torá repite la obra del Mishkán cinco veces, pues la menciona por completo en la orden, tanto detalladamente como en términos generales.
Primeramente dijo: «Harás esto» y «harás aquello». Después volvió a mencionar todos los elementos de forma general: «Harán todo lo que te he ordenado: la Tienda de Reunión, el Arca del Testimonio», hasta concluir: «Conforme a todo lo que te he ordenado, así lo harán».
La razón es que el Eterno ordenó a Moshé que comunicara a Betzalel, a Oholiav y a todos los sabios la obra completa en términos generales, y solo después debían acercarse para realizarla. No eran aptos para encargarse de la obra sagrada hasta haber oído todo lo que debía hacerse, haberlo comprendido y haber aceptado que sabían cómo completarlo.
Cuando llegó el momento de la ejecución, la Escritura volvió a mencionarla inicialmente en los términos generales ya indicados: «Vendrán y harán todo lo que el Eterno ha ordenado: el Mishkán, su tienda», etc. Sin embargo, falta aquí un detalle, pues sin duda Moshé tuvo que decir a los sabios que realizaban la obra: «Haced el Mishkán con diez cortinas; la longitud de cada cortina será tal y su anchura será tal», y así respecto de cada una de las partes de la obra. La Escritura no lo menciona porque resulta evidente que les transmitió todo ordenadamente, puesto que ellos realizaron cada elemento de esa manera.
La explicación es que Moshé no necesitaba describirles cada detalle de la obra palabra por palabra, tal como aparece en la orden y posteriormente en la ejecución. Podía expresárselo brevemente, como si hubiera dicho: «Haced un Mishkán con diez cortinas, cinco frente a cinco». Ellos comprendían por sí mismos que debían hacer lazadas correspondientes entre sí y broches de oro. Lo mismo ocurrió con las demás partes de la obra: les insinuaba brevemente el asunto y ellos lo comprendían por completo.
Por eso la Escritura no se extendió en esta explicación detallada, con el propósito de indicar la sabiduría, el entendimiento y la buena inteligencia que había en ellos. Después volvió a narrar toda la obra siguiendo el primer orden detallado: «Todos los sabios de corazón que realizaban la obra hicieron el Mishkán»; «hicieron las cortinas de pelo de cabra»; «hizo las tablas», etc.
Habría bastado, respecto de todo este asunto, con que la Escritura dijera: «Moshé comunicó a toda la congregación de los hijos de Israel toda la obra que el Eterno le había ordenado», y luego: «Los hijos de Israel hicieron conforme a todo lo que el Eterno había ordenado a Moshé; así lo hicieron». Finalmente habría podido decir: «Moshé vio toda la obra y he aquí que la habían realizado tal como el Eterno había ordenado; así la habían hecho, y Moshé los bendijo».
Sin embargo, la Escritura quiso decir que Moshé comunicó allí a toda la congregación de los hijos de Israel y a los sabios toda la obra en términos generales. Su intención era que el pueblo donara lo necesario para aquella gran obra y que los sabios escucharan sus detalles y supieran si podían aceptar la responsabilidad de realizarla conforme a lo ordenado.
Después describió detalladamente la ejecución, para enseñar lo que todos los sabios hicieron en el Mishkán. Eso es lo que significa: «Todos los sabios de corazón que realizaban la obra hicieron el Mishkán con diez cortinas».
También dice: «Hizo las cortinas de pelo de cabra» y «hizo las tablas». Su significado es: cada sabio de corazón hizo las cortinas de pelo de cabra y los demás elementos que le correspondían.
En relación con el Arca, sin embargo, dice expresamente: «Betzalel hizo el Arca», para informar que el mayor de los artesanos fue quien la realizó personalmente. La razón es que estaba lleno del espíritu de Dios, con sabiduría, entendimiento y conocimiento, y podía comprender su misterio y fabricarla con la intención adecuada. Su construcción no requería una habilidad artesanal extraordinaria, pues había otras obras que exigían una destreza técnica todavía mayor.
Luego la Escritura volvió a utilizar una expresión indeterminada: «Hizo la mesa» y «hizo la Menorá».
Según Rabí Abraham ibn Ezra, estas expresiones aluden a Betzalel, quien habría hecho todos los utensilios sagrados. Esta no es mi opinión, pues también respecto del atrio del Mishkán se utiliza la misma expresión. En realidad, vuelve a aludir a todos los sabios de corazón, tal como dijo aquí respecto del Mishkán.
Después de completar la descripción general y detallada de la ejecución, la Escritura menciona, en términos generales, que llevaron todo a Moshé: «Trajeron el Mishkán a Moshé, la tienda y todos sus utensilios», etc. Esto enseña la sabiduría con la que actuaron, pues le llevaron todo ordenadamente. Ninguno presentó individualmente su trabajo ante Moshé antes de que toda la obra estuviera terminada, como dice el versículo anterior: «Fue completada toda la obra del Mishkán de la Tienda de Reunión».
Cuando toda la obra quedó terminada, se reunieron y se la mostraron ordenadamente. Primero le dijeron: «Maestro nuestro, aquí está la tienda y aquí están sus utensilios». Después: «Aquí está el Arca y aquí están sus varas», y así sucesivamente con todo lo demás.
Respecto del Mishkán y de todos sus utensilios no se repite en cada elemento la frase «como el Eterno había ordenado a Moshé». Sin embargo, en la sección «Estas son las cuentas», al hablar de las vestiduras sacerdotales, se dice esta frase respecto de cada una de ellas.
La razón es que toda la obra del Mishkán quedó incluida en el versículo final: «Betzalel, hijo de Urí, hijo de Jur, hizo todo lo que el Eterno había ordenado a Moshé». Quizá esto se debió a que Betzalel modificó el orden de ejecución respecto del orden en que Moshé se lo había transmitido, como enseñaron nuestros Sabios.
En términos generales, todas estas repeticiones constituyen una expresión de afecto y honor. Indican que el Eterno deseaba aquella obra y que la menciona muchas veces en Su Torá para aumentar la recompensa de quienes se dedicaron a ella. Es semejante a lo que dijeron en el Midrash: «La conversación de los siervos de los patriarcas es más bella ante el Santo, bendito sea, que la Torá de sus hijos», pues la sección sobre Eliézer ocupa dos o tres páginas: