Introducción
Rabí Itzjak Luria Ashkenazí nació en Jerusalén en 1534. Su nombre, el Arí ("el león"), es un acrónimo de "HaElokí Rabí Itzjak" (el divino Rabí Itzjak); con el añadido "zal" (de bendita memoria) se lo conoce como el Arizal.
Las enseñanzas del Arizal explicadas: su vida en Tzfat, el tzimtzum, la rotura de los recipientes, las chispas caídas y el tikún del mundo a través de las mitzvot.
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La vida del Arizal
Rabí Itzjak Luria Ashkenazí nació en Jerusalén en 1534. Su nombre, el Arí ("el león"), es un acrónimo de "HaElokí Rabí Itzjak" (el divino Rabí Itzjak); con el añadido "zal" (de bendita memoria) se lo conoce como el Arizal.
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Módulo 1 · 9 min
De Jerusalén a Egipto y a Tzfat
Módulo 2 · 12 min
La contracción de la luz infinita
Módulo 3 · 11 min
Por qué el mundo está lleno de chispas escondidas
Módulo 4 · 10 min
La misión de cada persona según el Arizal
Rabí Itzjak Luria Ashkenazí nació en Jerusalén en 1534. Su nombre, el Arí ("el león"), es un acrónimo de "HaElokí Rabí Itzjak" (el divino Rabí Itzjak); con el añadido "zal" (de bendita memoria) se lo conoce como el Arizal.
Tras la muerte de su padre, siendo niño, se trasladó con su madre a Egipto, a casa de un tío. Allí estudió Talmud y halajá con los grandes sabios de la época, entre ellos Rabí David ben Zimra (el Radbaz). Según la tradición, pasó años de estudio aislado en una casa junto al Nilo, dedicado al Zohar.
En 1570 se estableció en Tzfat, en la Galilea, que entonces era el gran centro de la Cabalá y de la halajá: allí vivían Rabí Yosef Karo, autor del Shulján Aruj; Rabí Moshé Cordovero, el Ramak; y Rabí Shlomó Alkabetz, autor de Lejá Dodí. El Arizal estudió brevemente con el Ramak, que falleció ese mismo año.
En poco tiempo reunió un círculo de discípulos, entre los que destacaba Rabí Jaim Vital. Enseñaba de forma oral, a menudo mientras paseaba por los campos de Tzfat, y relacionaba sus enseñanzas con los lugares donde, según la tradición, estaban sepultados los sabios de la Mishná. Falleció en 1572, a los 38 años, durante una epidemia. Su tumba, en el antiguo cementerio de Tzfat, es lugar de oración hasta hoy.
El Arizal casi no escribió. Sus enseñanzas fueron recogidas por Rabí Jaim Vital en obras como el Etz Jaim ("Árbol de la vida") y los Shemoná Shearim ("Ocho puertas"). Muchas costumbres que hoy son comunes provienen de él: la manera de recibir el Shabat en el campo al atardecer, los cantos de las comidas de Shabat que compuso en arameo (como Azamer Bishvajin), y el orden de numerosas oraciones de los sidurim sefardíes y jasídicos, llamados "nusaj Arí".
En la próxima comida de Shabat, busca en el sidur los cantos del Arizal para las tres comidas y lee su traducción. Son una puerta de entrada a su mundo espiritual.
La primera pregunta de la Cabalá del Arizal es: si Di-s es infinito y lo llena todo, ¿dónde hay lugar para un mundo finito? La respuesta es el tzimtzum, la "contracción".
El Etz Jaim comienza describiendo que, antes de la creación, la luz infinita (Or Ein Sof) lo llenaba todo, sin espacio vacío. Cuando surgió en Su voluntad crear los mundos, "contrajo" Su luz en un punto central, y quedó un espacio vacío (jalal) o "lugar libre" (makom panui). En ese espacio entró luego un rayo delgado (kav) de la luz infinita, a través del cual se crean y se sostienen todos los mundos.
Los maestros discuten cómo entender el tzimtzum. Algunos lo leen de forma literal, como una retirada real de la presencia divina. La escuela del Baal Shem Tov, y especialmente Rabí Shneur Zalmán de Liadi en el Tania (Shaar HaYijud VehaEmuná), explica que el tzimtzum no es literal: Di-s no se retira de ningún lugar, sino que oculta Su luz para que la creación pueda percibirse como existente por sí misma. Desde nuestra perspectiva hay un mundo; desde la Suya, nada existe fuera de Él.
El tzimtzum enseña algo también sobre la conducta humana. Para dar lugar a otro hay que contraerse: el padre que deja espacio al hijo para crecer, el maestro que calla para que el alumno piense, la persona que modera su ego para escuchar. Crear espacio es un acto de amor.
Rabí Najmán de Breslov dedica una enseñanza famosa al espacio vacío (Likutei Moharán I:64). Explica que en el jalal hapanui surgen preguntas que parecen no tener respuesta, porque ese espacio es, por definición, el lugar donde la luz está oculta. A esas preguntas no se responde con razonamientos sino con fe, y con el canto y la melodía del tzadik, que eleva las almas que cayeron en esas dudas. Es una de las enseñanzas más profundas del Likutei Moharán.
Piensa en una relación en la que podrías "contraerte" un poco para dar espacio al otro. Practicar el tzimtzum en la vida diaria es una manera de imitar el acto con que Di-s creó el mundo.
Después del tzimtzum, la luz divina fue recibida en recipientes (kelim), que corresponden a las sefirot. Según el Arizal, en una etapa temprana de la creación esos recipientes no pudieron contener la luz y se rompieron. Es la shevirat hakelim, la rotura de los recipientes.
El Arizal describe un mundo primordial llamado Olam HaNekudim ("mundo de los puntos"), en el que cada sefirá era independiente y no estaba conectada con las demás. La luz que descendía era muy intensa y los recipientes, aislados, eran demasiado estrechos. Los siete recipientes inferiores, correspondientes a las siete sefirot emocionales, se rompieron. Una parte de la luz volvió hacia arriba; los fragmentos de los recipientes, junto con chispas de luz (nitzotzot), cayeron a niveles inferiores.
Esas chispas quedaron atrapadas en las kelipot ("cáscaras"), las fuerzas que ocultan la santidad. Por eso, según la Cabalá, en todo lo que existe, incluso en lo más material, hay una chispa divina escondida que espera ser liberada.
El Arizal relaciona la rotura con los "reyes que reinaron en la tierra de Edom antes de que reinara rey en Israel" (Bereshit 36:31). De cada uno de ellos la Torá dice "y reinó... y murió": son los recipientes que existieron y se rompieron.
La razón profunda de la rotura, según los maestros, es que Di-s quiso un mundo en el que la luz no estuviera simplemente dada, sino que el ser humano tuviera que descubrirla y elevarla. El mundo roto es el escenario del trabajo humano.
Tras la rotura, la creación se reorganizó en el Olam HaTikún ("mundo de la reparación"), en el que las sefirot están conectadas entre sí formando estructuras llamadas partzufim ("rostros"): Arij Anpín, Abá, Imá, Zeir Anpín y Nukvá. La conexión entre las sefirot es la condición de la estabilidad. Muchos maestros ven aquí una lección: la ruptura surge del aislamiento, y la reparación, de la unión.
Cuando algo en tu vida parezca roto, recuerda que, según el Arizal, la rotura es el comienzo del tikún. Pregúntate qué chispa de bien se esconde en esa situación.
Si el mundo está lleno de chispas caídas, la misión del ser humano es elevarlas. El Arizal llama a este trabajo birur ("clarificación") y tikún ("reparación"). Su culminación es la redención.
Cómo se elevan las chispas. Cada mitzvá, cada bendición y cada acción hecha con intención santa eleva chispas. Cuando una persona recita una bendición antes de comer y usa la energía del alimento para servir a Di-s, eleva las chispas que había en ese alimento. Cuando hace negocios con honestidad, eleva las chispas escondidas en el comercio. Por eso los maestros jasídicos enseñan que las personas y los objetos que llegan a nuestras manos no llegan por casualidad: allí hay chispas que nos corresponde elevar.
Cada alma tiene su parte. Según el Arizal, cada alma tiene chispas propias que debe elevar, en lugares y circunstancias concretas. Por eso a veces una persona viaja a un lugar lejano o atraviesa una situación inesperada: allí la espera una chispa que solo ella puede rescatar.
Las kavanot. El Arizal enseñó intenciones (kavanot) muy detalladas para las oraciones y las mitzvot, que conectan cada acción con las sefirot y los mundos. Los maestros jasídicos enseñaron que, para la mayoría de las personas, lo esencial de esas kavanot se cumple con la sinceridad del corazón: rezar con alegría, con atención y con el deseo de unir el mundo con su Creador.
Tikún olam. La expresión, que hoy se usa en sentido social, tiene en la Cabalá un sentido preciso: la reparación del mundo mediante la elevación de todas las chispas. Cuando se complete, llegará la redención final. Cada mitzvá acerca ese momento.
La unidad. La oración que se dice antes de muchas mitzvot, "leshem yijud Kudshá Brij Hu uShjintei" ("por la unión del Santo, bendito sea, y Su Presencia"), expresa esta idea: cada acción busca reunir lo que está separado.
Antes de comer, di la bendición despacio, pensando que con ella elevas lo que vas a comer. Después, dedica la energía de ese alimento a algo bueno: estudiar, ayudar, trabajar con honestidad.
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